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Si te haces esta pregunta y vas muy profundo descubrirás que en el fondo todos los seres humanos buscamos la felicidad. Todos hacemos hasta lo imposible por ser aceptados y recibir amor, por esta razón trabajamos, estudiamos, nos casamos, tenemos hijos, etc. Todo esto y más hacemos por que queremos ser felices, sin embargo lo buscamos en los lugares equivocados, pensamos que la felicidad radica afuera y no adentro. No nos damos cuenta que todo es una proyección de nuestro estado interno.
La causa primordial del sufrimiento es no poder aceptar las cosas como son, no poder estar en unidad con la vida. Resistimos a todo lo que no nos gusta, nos apegamos a todo lo que si nos gusta y si no lo tenemos sufrimos, sintiéndonos divididos y separados de todo.
Este sentimiento de existencia separada en realidad ¡Es una ilusión! No hay nada que esté separado, este universo es por naturaleza emergente y dependiente de todo, sin embargo algunas veces sentimos como que algo falta. Aunque tengamos todo ¡Algo falta! Estamos felices solo por un momento y siempre depende de algo externo que dispare esos momentos de felicidad. La felicidad no es permanente, son solo instantes de alegría que se evaporan con el tiempo, nos sentimos frustrados cuando no podemos obtener lo que queremos o bien porque dicho instante ya se acabó.
Dios, el Ser supremo, el Gran Espíritu o como lo quieras llamar, se ha vuelto un concepto. No es una experiencia, es solo una idea en nuestra mente, no podemos verlo, ni sentirlo, no podemos tener la certeza de que nos escucha y nuevamente porque lo buscamos en los lugares equivocados, pensamos que esta afuera y no adentro, pensamos y sentimos que tenemos que hacer muchos sacrificios para llegar a El.
Esta separación de Dios comienza cuando te separas de ti mismo y así comienza una larga cadena de separación, separación con uno mismo, separación con los demás, separación con los animales, con la naturaleza y así hasta sentirnos separados de Dios. Esto provoca un estado de angustia y caos; es muy difícil vivir en un estado de división y esa es nuestra realidad hoy día al igual que hace miles de años. Por eso es que el Yoga y las Artes Marciales no han pasado de moda, ya que son igual de útiles hoy que hace 5000 años.
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El ser humano no ha cambiado mucho por dentro, por fuera hemos avanzado en tecnología, ciencia, arte, medicina y muchas cosas más, sin embargo esa búsqueda por la unidad y la conexión con el ser supremo es igual.
El Yoga y las Artes Marciales no son una religión, son prácticas que invitan a reconectarte contigo y a conocerte tal y como eres. Solo aceptando tu división, tu ignorancia y tu egoísmo es que puedes transformarte en un yogui o un sensei: alguien que se da cuenta que con esa forma de ver no ve nada y quiere ver la realidad tal y como es. Por eso necesita disciplina, para una transformación profunda del cuerpo, la mente y todo su entorno.
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Cuando practicamos Yoga o Artes Marciales trabajamos con el sistema nervioso, cuando éste esta en calma y estable, el cuerpo también esta sano y la mente esta alerta y mas comprensiva, como resultado se generan pensamientos poderosos y claros. Las acciones, que son pensamientos manifestados, serán entonces exitosas y fructíferas.
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